Tenía en el disco duro un lote de imágenes pendientes de procesar desde las vacaciones de navidad, la última vez que pude salir de astrocaza. Desde entonces, van para 6 meses en el dique seco. Quizás un año de éstos termine la imagen dándole color, pero de momento lo que hay es la versión en blanco y negro.
DATOS DE LA IMAGEN: Promedio de 18 imágenes de 10 minutos (3 horas de exposición). Recortada. Filtro L Astrodon, cámara Sbig STL-11000M, telescopio ASA 10" f:3,6.En el centro de la imagen hay una mancha oscura, con un perfil que recuerda al de la cabeza de un caballo, y así es precisamente como se le llama a esa nebulosa desde que se descubrió a finales del siglo XIX.
La estrella más brillante se llama Alnitak, y la podemos ver a simple vista en invierno, en el cinturón de la constelación de Orión. En realidad, en Alnitak hay tres estrellas muy juntas, formando un sitema estelar triple. La estrella principal, Alnitak Aa, es relativamente grande, ya que se trata de una supergigante azul con una masa equivalente a 20 veces la del Sol.
Estas estrellas tan grandes terminan sus días colapsando y generando lo que se conoce como supernova, el fenómeno más violento del que sabemos, y en el que se crean átomos de los elementos más pesados que el hierro. Una curiosidad al hilo de esto que seguro que os gusta saber: el único fenómeno de la naturaleza en el que se crean estos átomos pesados es precisamente en las explosiones tipo supernova, así que... nuestro mundo está lleno de átomos que las supernovas antiguas fueron generando, y no sólo eso, algunos de ellos forman parte de nosotros mismos. Un ejemplo muy tangible: el oro, todo el oro, el de vuestro anillos por decir algo, hubo un día en que estuvo en una supernova. Quizás hayáis oido la frase "somos polvo de estrellas"; nada más cierto.
Bueno, volviendo a la foto y a lo que se puede ver ahí, debajo de Alnitak hay una nebulosa bastante brillante, llamada La Llama. Dentro de los tipos de nebulosa que hay, ésta es de las que llamamos de reflexión, es decir, que el polvo y el gas que la forman reflejan luz de una estrella cercana. Y claro, cerca de ella tenemos a Alnitak, culpable de que La Llama brille tanto.
Las demás nebulosas que aquí se ven son de emisión, lo que implica que sus átomos de hidrógeno se ionizan al recibir radiación de estrellas, no tan cercanas como en el caso de las de reflexión, y se produce un fenómeno de fluorescencia que las hace emitir luz por sí mismas. Algo parecido a lo que pasa en el tubo fluorescente de tu cocina, por ejemplo.
Todas las nebulosas de la imagen están asociadas entre sí y forman parte de una mucho mayor, conocida como Complejo de Nubes Moleculares de Orión.
Ya para terminar, la Cabeza de Caballo se encuentra a unos 1.500 años luz de la Tierra. En otras palabras, esos fotones que han excitado el sensor de la cámara para terminar como píxeles iluminados, han viajado 1.500 años por el espacio hasta alcanzarnos. De esta forma la imagen podemos decir que no es actual, sino que muestra aquello tal como era hace 1.500 años. Mirar al firmamento es mirar al pasado.